Hoy no buscaba postales, buscaba límites.
Lugares donde siempre dudo un segundo de más.
Las fotografías solo señalan el sitio;
la indecisión sigue siendo el matiz personal.

A veces el miedo no se nota por dentro,
no aparece como un monstruo claro,
se nota en los lugares donde nos paramos.

A veces el miedo nos distrae hacia otros bordes,
nos aparta del centro
y nos hace ver la belleza solo por girar la mirada.

Otras veces es una resistencia mínima,
una pequeña distancia,
un simple inconveniente.

Un paso que podría darse sin problema
pero que, aun así, se retrasa.

Muchos de nuestros límites son transitables;
solo hace falta que alguien dé el primer paso,
y ese alguien solo puede ser uno mismo.

Del miedo nos contaron el vértigo,
la incapacidad, la inestabilidad.
Pero casi nadie habló del umbral al que accedes al pasarlo,
del extraño bienestar que espera al otro lado.

Al final, la incertidumbre a unos los paraliza
y a otros les sirve de motivo para acercarse

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