Lo primero que hice fue subir la temperatura, bien caliente ¡vaya!
Estaba con ganas, y encima son de esos días que te sientes, que te levantas, con fuerza, ya me entendéis, con ganas de darlo todo.
En realidad, ¡le cayó de sorpresa! voy ligero de ropa, bueno en realidad, suelo estar ligero de ropa en casa siempre, y más si me pongo manos a la obra. Ella ya me observo con los huevos entre mis manos, y algún artilugio que otro. Desde luego ella lo que podía apreciar es que había calidad. Enseguida me puse a agitar, se podía escuchar el leve sonido de la batida. Mientras seguía a lo mío, la miraba, sonreía, y no paraba de decirle lo mucho que le iba a gustar. Ella ya se relamía. Se llevaba sus dedos a la boca, para luego morderse el labio ¡típico en ella! cuando se ve impaciente, y siente curiosidad. Ella sabe que me gusta hacer las cosas con cariño, paso a paso, y paciencia. Pero aún me faltaba la parte dulce. Ella ya estaba deseando verla introducirla dentro, no sin antes probarla ¡ese sabor característico! ¿a philadelphia? o incluso poder pegar ella alguna batida. Pero en lo que se despisto, ya estaba dentro. ¡joder!, se podía apreciar todo a través del cristal ya que la luz estaba encendida. Había logrado preparar una masa homogénea, nada de grumos, mezclando cada uno de los ingredientes. Horneada y ¡voila! Mi tarta de queso.
Tarta de Queso al Horno









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